Como consecuencia de la crisis económica que estamos viviendo desde hace varios años, el Estado ha realizado una severa reducción presupuestaria en la mayoría de ministerios. Esta reducción afecta directamente a muchos sectores, pero sin lugar a dudas uno de los más afectados es el sector servicios, concretamente los servicios sociales y educativos, los cuales dependen casi exclusivamente de subvenciones estatales.
En datos obtenidos en el ISTAC (Instituto Canario de Estadística), En el mes de Abril del presente año en la ciudad de Las Palmas se registró un paro en el sector servicios de 93.853 personas en situación de desempleo y en Mayo de 95.546 personas.
Además en este último año, hemos visto descender la oferta de empleo público.
Esta situación ha provocado que muchos/as profesionales del ámbito social y educativo, se encuentren en condiciones de precariedad laboral o en situación de desempleo.
Esta realidad, modifica la perspectiva de un proyecto profesional y vital donde exista un único empleo estable y duradero, convirtiéndose la movilidad laboral y la incertidumbre en características de nuestra actual y futura carrera profesional.
En estas condiciones, se hace necesario desarrollar competencias que promuevan el autoempleo, como alternativa al trabajo ofertado desde el Estado y las empresas de servicios sociales y educativos.
Dentro del diagnóstico realizado, se ha de tener en cuenta el modelo de libre mercado que impera en nuestra sociedad, y que determina la realidad económica y laboral con la que nos encontramos a inicios del siglo XXI. En el libro La doctrina del shock, se hace un análisis de las teorías impulsoras del neoliberalismo: “Milton Friedman en su popular libro Capitalismo y libertad, diseñó lo que se convertiría en el manual del libre mercado y que, en Estados Unidos, constituiría el programa económico del movimiento neoconservador. Los gobiernos deberían recortar drásticamente los fondos asignados a programas sociales. Dentro de la fórmula de tres partes de desregulación, privatización y recortes. Existían salvedades. Todos los precios, también el precio del trabajo, debían ser establecidos por el mercado. El salario mínimo no debía existir. Como cosas a privatizar, Friedman proponía la sanidad, correos, educación o pensiones. Por lo que a Friedman atañía, por una cuestión de principios había que transferir toda aquella riqueza compartida a manos privadas”. (Klein, 2007).
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